Hijo de la
ninfa Climena y Apolo, Faetón creció con las historias
que su madre le contaba acerca de su padre, su belleza y su poder. Faetón empezó a
presumir frente a sus amigos que era hijo del dios del Sol.
Estos se cansaron de su arrogancia y le pidieron pruebas de lo que decía. Faetón
entonces rogaba a su madre que lo ayudara, y ella lo envió con su padre, quien al reconocer a su hijo, lo animó a que se
acercara. Entonces le contó las burlas de sus amigos y Apolo
prometió concederle cualquier prueba que quisiera. Faetón suplicó conducir el carro del
Sol, y Apolo dudó. Era
peligroso, ya que sólo él podía controlar a los cuatro caballos que lo guiaban. Pero estaba
obligado por su promesa, y después de advertirle de todos los peligros, Faetón
consiguió guiar el carro al día siguiente.
El joven al principio siguió los
consejos y advertencias de su padre, pero después empezó a conducir más y más rápido,
y los caballos, dándose cuenta de que eran guiados por una mano inexperta, se lanzaron a
una loca carrera, que Faetón trató inútilmente de controlar. Descendieron tan cerca a
la tierra, que las plantas se quemaron, los ríos y fuentes se secaron.
Júpiter
se dio cuenta y se sorprendió de ver a un joven conducir el carro del Sol. Tomó uno de sus rayos y lo lanzó hacia Faetón, que
cayó muerto en el río Eridano. Las helíadas, hermanas de Faetón, pasaron días
llorando a la orilla del río, hasta que Júpiter ,
compasivamente, las convirtió en árboles de ámbar.
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