Hoy en día los niños viven vidas
muy diferentes, en relación con las tecnologías avanzadas,
en comparación con lo vivido por los niños de hace 25
años. Los computadores personales hacían apenas su aparición
en el mercado y todavía no se veían en los colegios. Internet
estaba disponible solo para científicos. Los computadores portátiles,
los celulares y los asistentes digitales personales eran cosas del futuro.
Todas ellas, además de la omnipresente televisión, son
consideradas actualmente por familias y escuelas como necesidades [2].
Los supuestos beneficios de esta revolución
tecnológica para los niños, se promueven implacablemente
por las corporaciones de alta tecnología, aunque investigaciones
llevadas a cabo en forma independiente (realizadas por personas que
no tienen ningún interés económico en el resultado)
ofrecen poca evidencia de ganancias a largo plazo. Al mismo tiempo,
el daño hecho por la inmersión de los niños en
las tecnologías electrónicas se está haciendo evidente.
Un número creciente de ellos ocupan muchas de las horas del día
sentados frente a monitores en lugar de estar jugando al aire libre,
leyendo, realizando el tan necesario ejercicio físico o interactuando
frente a frente con otras personas. Cuando resulta que todo lo anterior
provee también estimulación que es esencial para el crecimiento
de la mente y del intelecto [3].
En Septiembre del 2000, la Alianza
para la Niñez publicó el libro “Fool’s
Gold: A Critical Look at Computers in Childhood” (Ilusión
Educativa: Una Crítica al Uso del Computador en la Infancia)
[4] e hizo un llamado a la acción, respaldado por docenas de
educadores líderes, profesionales de la salud, investigadores,
expertos en tecnología y otros defensores de la niñez.
El grupo propuso una moratoria para no seguir promoviendo el uso
de computadores en la edad temprana y en la educación elemental.
Además, de hacer un nuevo énfasis en ética, responsabilidad
y pensamiento crítico en la educación en tecnología
para estudiantes mayores y, llevar a cabo un amplio diálogo de
cómo los computadores afectan las necesidades reales de los niños.
Las acciones de la Alianza generaron una tormenta
de noticias y debates públicos sobre cuestiones que habían
tratado los medios solo tangencialmente: ¿Es cierto que los niños
aprenden mejor si lo hacen con computadores que sin ellos? ¿Se
mantienen en el largo plazo las ventajas encontradas por algunos estudios
de corto plazo sobre el uso de tecnología por parte de los niños?
¿Los resultados de las investigaciones sobre el efecto que tiene
el uso de computadores por los niños se han visto comprometidos
por la influencia que en ellos ha tenido la financiación de corporaciones?
¿El uso creciente de tecnologías electrónicas por
parte de los niños está afectando su salud y bienestar?
Una de las primeras llamadas telefónicas
que recibió la Alianza después de publicar la “Ilusión
Educativa” fue la de un padre desesperado. Recientemente había
comprado un computador para su familia, pensando que sería de
mucha utilidad para sus hijos en edad escolar. En las vacaciones de
verano, no había podido sacar a sus hijos a jugar al aire libre,
pues estaban hipnotizados con todas las cosas que el aparato podía
hacer. ¿Pero que pasaba con las otras actividades que sus hijos
hubieran hecho en el verano? ¿Las bicicletas que no se montaron,
los árboles a los que no se subieron, las conversaciones que
no se tuvieron y aún las discusiones con los amigos, todas las
cuáles hacen parte de crecer? Para este padre las pérdidas
eran muchas y las ganancias pocas.
Aunque algunos críticos reaccionaron muy
molestos con el libro y con la llamada a la acción por parte
de la Alianza, la respuesta del público en general fue sorprendentemente
positiva. En una encuesta en línea realizada por MSNBC, 53% de
los 3.090 encuestados (de los cuáles todos necesariamente dominaban
el uso del computador) estaban de acuerdo con el llamado a una moratoria
y con que los beneficios atribuidos a los computadores en la infancia
se habían exagerado. Una encuesta en línea, en el sitio
Web de CNN, produjo resultados similares. A esto, se sumó el
número considerable de ingenieros y científicos que reportaron
su creciente preocupación por la falta de creatividad y de habilidades
para realizar trabajos manuales que veían en sus colegas jóvenes
que habían crecido usando computadores.
Cuatro años más tarde, las razones
para repensar el impacto del nuevo estilo de vida altamente tecnológico
en los niños, es todavía más urgente. La obesidad
infantil se ha convertido en un problema de salud serio y, por eso,
todo lo que contribuya a la vida sedentaria tiene que examinarse detenidamente
para determinar si los beneficios que ofrece son mayores que los riesgos
que conlleva. Aunque la reventada de la burbuja de las empresas punto
com disminuyó durante un tiempo el excesivo énfasis en
la tecnología, la presunciones subyacente respecto al valor de
la tecnología entre los encargados de elaborar las políticas
educativas y muchos padres no han cambiado.
Estamos convencidos que al nivel de Educación
Básica Primaria [5] y en los niveles inferiores, existe poca
evidencia de ganancias perdurables y mucha evidencia de daños,
ocasionada por las horas invertidas frente a los monitores. Para nosotros,
la decisión es muy fácil: quitarle el énfasis a
los productos de alta tecnología y dejar que los niños
prosperen y crezcan. Hay mucho tiempo durante la adolescencia para que
los niños aprendan, bajo la guía de adultos y con límites
razonables, a navegar el mundo complejo de las tecnologías electrónicas
avanzadas.
Las investigaciones indican con mucha fuerza, que
las relaciones cara a cara con las personas y con el resto del mundo
natural son críticas, no solamente para los niños pequeños,
sino también, para los estudiantes mayores. Por ejemplo, los
estudiantes de 5º grado ya están listos para llevar a cabo
el tipo de investigaciones para las cuáles puede ser útil,
la inmensa cantidad de recursos que se pueden acceder por Internet.
Bibliotecas escolares o comunitarias, bien equipadas, pueden ofrecer
ese acceso sin que se tengan que invertir los escasos recursos disponibles
para la educación en dotar todas las aulas de clase con equipos
de última tecnología o en darle computadores portátiles
a todos los estudiantes. La opción anterior ofrecería
además, a maestros y bibliotecólogos, oportunidad para
colaborar en la enseñanza tanto de técnicas relativamente
sencillas para realizar búsquedas
en la Red, como de temas mucho más retadores en cuestiones
de ética y de pensamiento crítico [6].
En los últimos 4 años de educación
escolar, hace mucho sentido ofrecer a los estudiantes oportunidades
para que adquieran competencia en una serie de habilidades tecnológicas
avanzadas. Pero recordemos nuevamente que el reto más grande
será prepararlos para las responsabilidades personales y sociales
que plantean las nuevas tecnologías. En este reporte, la Alianza
para la Niñez, asume ese reto. Expone los argumentos, principios
y pautas que permitan una aproximación más sana, humana
y responsable para promover un alfabetismo tecnológico real que
prepare a los niños para el futuro a la vez que atiende sus necesidades
actuales de desarrollo.
UNA LLAMADA AL DIÁLOGO Y A LA EVALUACIÓN
La creatividad tecnológica es parte natural de la vida. Toda
la naturaleza se mantiene activa construyendo e innovando para enfrentar
necesidades cambiantes. Las abejas construyen sus colmenas, los castores
sus represas, los pájaros sus complicados nidos, pero todo esto
lo hacen por un conocimiento instintivo. Se adaptan a los cambios en
el ambiente, pero lo hacen lentamente. En contraposición, los
seres humanos, son sorprendentemente capaces de adaptarse, innovar y
crear. Ensayan una cosa y la descartan por otra a un ritmo evolutivo
extraordinario.
Un enfoque más cauteloso hacia la innovación
se ha desarrollado en medicina, guiado en gran parte por el principio
básico de “No hacer daño”. Las medicinas nuevas
deben probar su efectividad y relativa seguridad, antes de ser permitidas
en el mercado. Y aún con estas precauciones, a veces, con el
uso prolongado, se descubren efectos peligrosos que obligan a retirarlas
del mercado o a usarlas de manera más limitada. Imagine el daño
tan grande que se podría hacer si no existieran regulaciones
para el uso de drogas de efecto fuerte y si no hubiera estudios objetivos
dirigidos a evaluar sus consecuencias a largo plazo.
Pero es esta precisamente la situación a
la que nos vemos avocados hoy con el uso de nuevas y poderosas tecnologías
por parte de los niños.
No existe una evaluación de las bondades
relativas versus los daños que se pueden ocasionar cuando se
ofrece un producto nuevo para utilizarse en la escuela o en el hogar.
Sugerir que es necesaria una evaluación, equivale a una invitación
a que se le acuse de “antí tecnológico”.
Nuestro propósito aquí es dar inicio
a un diálogo muy necesario. ¿De qué manera la inmersión
en productos de alta tecnología y la consecuente reducción
de las experiencias cara a cara con otras personas y con el resto del
mundo vivo afecta a los niños física, emocional, social,
mental y espiritualmente?. Sabemos que los encuentros emocionalmente
significativos con el mundo vivo real, enriquecen la niñez y
son el soporte del compromiso de cada generación con la vida
misma. Nunca antes, este compromiso había sido tan vital, social
y ecológicamente, para el futuro de la humanidad, como en estos
primeros años del Siglo XXl. En la medida en que permitamos que
nuestros niños se distraigan con realidades “virtuales”,
tanto la niñez como la democracia se van a empobrecer.
CÓMO PREPARAR A LOS NIÑOS PARA UN FUTURO INCIERTO:
Hemos titulado este escrito “Tónico Tecnológico”
tanto porque creemos que los acercamientos actuales a la educación
en tecnología son malsanos y necesitan una dosis curativa de
sentido común, como porque los remedios que nosotros sugerimos
no son superficiales sino profundos y estructurales. Requieren un cambio
fundamental en nuestras presunciones y creencias subyacentes sobre el
desarrollo del niño y las prácticas que deben llevarse
a cabo para un crecimiento saludable.
¿De qué manera estamos preparando
a los niños de hoy para que puedan tomar decisiones inteligentes
sobre las tecnologías del mañana? Con seguridad van a
enfrentarse, como ninguna sociedad lo ha hecho antes, a dilemas morales
y éticos sobre el desarrollo y uso de la tecnología. ¿Es
moralmente justificable la clonación de seres humanos y de otras
especies? Y, si esto es así, ¿cuándo o en qué
momento realizarla? ¿Cuánta responsabilidad para la toma
de decisiones se debe permitir a las máquinas que funcionan con
inteligencia artificial? ¿Hasta qué punto es la realidad
virtual un substituto adecuado para un medio ambiente en peligro de
extinción? ¿Se podrá justificar la prohibición
de innovaciones tecnológicas muy avanzadas cuando su uso por
parte de terroristas, naciones enemigas, o aún de individuos
irresponsables, sea tan incontrolable y destructivo, que tomar esa medida
se justifique? ¿Cómo se hará cumplir esa prohibición?.
De qué manera los niños y jóvenes
de hoy van a dar respuesta a esas preguntas, en buena parte, será
resultado de la educación que les ofrezcamos. Y a la vez, el
éxito de esa educación va a medirse por el desarrollo
en nuestros niños de la capacidad para lidiar con temas aún
más fundamentales, temas que hasta ahora parecen extremadamente
abstractos: ¿Qué significa pensar? ¿Qué
significa ser real? ¿Qué es natural y qué es artificial?
¿Qué significa estar vivo? ¿Qué significa
ser humano?
Cómo ciudadanos de una democracia, todos
compartimos la responsabilidad moral de nuestro futuro tecnológico.
¿Cómo debe ser este?. Las riesgosas posibilidades de nuestra
propia creatividad tecnológica, nos retan en la actualidad a
enfrentarlas con la conciencia ética y el compromiso social que
demandan.
Cuando tratamos los temas fundamentales de la educación
para nuestros niños, con frecuencia tomamos una salida fácil.
Estamos poniendo computadores en las manos de infantes y niños
pequeños y pensamos que si les ayudamos a que se sientan cómodos
con el hardware y el software los estamos preparando para el futuro.
No lo estamos haciendo. Los enfoques actuales de educación tecnológica,
dirigidos principalmente al uso de máquinas, es inadecuado. Por
el contrario, lo que los niños necesitan es una educación
que los prepare como ciudadanos capaces de resolver los problemas sociales
y ecológicos más apremiantes. Necesitan una educación
que les permita entender con claridad que únicamente con habilidades
técnicas, no se pueden resolver esos problemas. La participación
activa y el compromiso moral de los seres humanos que representen diversas
voces (puntos de vista, enfoques) y culturas serán siempre necesarios.
Porque muy pronto las cuestiones fundamentales
de la biología y la ecología estarán sujetas al
control humano, esto es, controladas por nuestros niños estas
no se pueden seguir dejando en manos de filósofos refugiados
en sus torres de marfil. Tampoco pueden dejarse a científicos
y técnicos que realizan experimentos en laboratorios, a directivos
en sus salas de juntas o a políticos que tienen sus propios intereses.
Tienen que discutirse en los cafés, las alcaldías, los
púlpitos, los medios, y, por supuesto, en las urnas de votación.
Pero deben también discutirse en nuestros hogares y nuestras
escuelas. Interrogantes sobre el diseño ético y el uso
de la tecnología deben convertirse en hechos tan fundamentales
para nuestras comunidades y nuestra vida política como son los
temas sobre la economía y el medioambiente.
PRINCIPIOS Y ACCIONES:
En este
documento, la “Alianza para la Niñez”, propone
una nueva definición de Alfabetismo Tecnológico: La capacidad
sensata para participar de manera creativa, crítica y responsable
en la realización de escogencias tecnológicas que apoyen
la democracia, la sostenibilidad ecológica y una sociedad justa.
Proponemos 10 principios para desarrollar este
nuevo alfabetismo tecnológico y una agenda de 6 puntos con acciones
que lleven a cabo padres y ciudadanos.
primer capítulo, nos adentramos en la naturaleza de nuestra creatividad
tecnológica y en los dilemas morales sin precedentes que en la
actualidad plantea. En el segundo capítulo damos una mirada a
las lecciones inesperadas que hemos aprendido de la niñez altamente
tecnológica de hoy. En el tercer capítulo, examinamos
los estándares más comúnmente utilizados en la
educación en tecnología y el papel que juegan, en la promoción
de esos estándares, los vendedores de tecnología que atienden
los colegios. Llegamos a la esencia de nuestras recomendaciones en el
cuarto capítulo, nuestros 10 principios para desarrollar un alfabetismo
tecnológico nuevo que involucre una mayor conciencia social:
Finalmente, hacemos un llamado
a padres, educadores y encargados de establecer las políticas para
que hagan siete reformas clave con el fin de promover un nuevo enfoque
para el alfabetismo tecnológico: